ROSARIO DEL PERPETUO SOCORRO

Introducción: El Icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro es una ventana a la divinidad. Al meditar en este Icono, abrimos nuestros corazones a la experiencia de Dios. Todos son bienvenidos a esta experiencia tan simpley, sin embargo, tan profunda. No debemos sentirnos excluidos, alienados o rechazados, ni tan siquiera los que se sienten indignos delante de Dios por sus pecados, ni siquiera los de otras tradiciones religiosas o religiones. Una Madre acogedora y un Niño indefenso extienden su amorosa compasión en cualquier situación que nos encontremos.

A través de este Rosario del Perpetuo Socorro que está dividido en Cinco Misterios, nos centramos en diferentes secciones del Icono. Al hacerlo, nos basamos en la riqueza de Dios que nos habla a cada uno por medio de esta Palabra Pintada. Más que abrazar este Icono, permitamos que el Icono nos abrace. Con María y Jesús, nos sentimos fortalecidos por la experiencia envolvente de comunión con el Dios del Amor.

PRIMER MISTERIO: NUESTRO CORAZÓN ANHELA A DIOS (Sal. 42; Mat. 19:16-30).

En la vida de la mayoría de las personas, siempre hay un espacio vacío que necesita ser llenado, un dolor que necesita sanación, un sentimiento de desesperación que clama por la esperanza, una realidad que busca justicia, aliento, paz, reconciliación, amor... Cada persona se encuentra a sí misma frente a una Madre que cariñosamente llama a su hijo/hija amado/amada.

Mientras meditamos sobre este Primer Misterio, nos reconoceremos como parte activa de todo el Icono y le permitimos que toque nuestro corazón, nuestra mente y alma. Comenzamos un proceso espiritual donde nos adentramos en la profundidad de nosotros mismos.

Miramos profundamente dentro de nosotros mismos y nos hacemos estas preguntas: ¿Cómo vengo? ¿Cómo me siento? ¿Cómo está mi vida? ¿Hacia dónde se dirige mi vida? ¿Qué tengo/poseo y qué hago con ello? ¿Qué necesito en mi vida? ¿Cómo está mi relación personal con Dios? ¿Cómo permito que Dios realmente llene ese vacío en mí?

Padre Nuestro, Ave Marías, Gloria al Padre… Jesucristo, nuestro Redentor, en ti confiamos. Madre del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.

SEGUNDO MISTERIO: DIOS ENVÍA SUS ÁNGELES (Lc. 22:40-43).

Dios siempre quiere estar en unión con nosotros para que siempre encontremos felicidad y significado en nuestra vida. Dios respeta la libertad que nos da. Pero también nos ayuda a saber lo que es mejor para cada uno de nosotros enviándonos a sus ángeles. En el Icono, nos encontramos con los arcángeles Gabriel y Miguel anunciando a Jesús el mensaje del Padre. Al mismo tiempo, los arcángeles le aseguran, a Él, la presencia, protección y guía constante de Dios Padre.

En este Segundo Misterio, damos gracias a Dios por darnos los ángeles como otra expresión de Su gran amor para con nosotros. También agradecemos al Señor por la presencia de los ángeles en nuestras vidas a través de las diferentes personas que nos envía o vienen a nosotros. Nos ayudan a reconocer la voluntad de Dios, a experimentar su protección y guía en nuestro camino. Damos gracias a Dios por los ángeles visibles e invisibles en nuestra vida.

Oremos para que, también, sirvamos como ángeles a otras personas y hacer presente a Dios con nuestras palabras y acciones. Esto se experimenta mejor cuando les ayudamos a desear, buscar y hacer Su santa voluntad (Lc. 2:14; Mat. 4:11; Lc. 22:43; Juan 20:12; Mat. 18:10; Mat. 24:31; Mat. 13:49; Mc.13:32; Lc. 20:34; Hechos 12:7-11).

Padre Nuestro, Ave Marías, Gloria al Padre... Jesucristo, nuestro Redentor, en ti confiamos. Madre del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.

TERCER MISTERIO: MARÍA,MADRE DEL REDENTOR Y DE LOS REDIMIDOS (Lc. 1:26-38; Jn.2:1-6; Jn. 19:25-27).

En este Misterio, nos permitimos recibir la mirada amorosa, reconfortante y a la vez cautivante de María. Ella, siendo muy joven, pronunció un Sí a Dios en la Anunciación, y lo vivió toda su vida. Con su generosa y abierta respuesta al plan de Dios, María se convirtió en la Madre del Redentor.

María fue siempre consciente de la presencia de Dios. Contempló la acción salvadora de Dios y todo lo atesoraba en su corazón. María, como Madre, nos recibió amorosamente como sus hijos/as cuando Jesús le dijo al discípulo amado: Aquí está tu Madre y a ella: Aquí está tu hijo. Aquí estamos, sus hijos/hijas. Ella es nuestra Madre...Ella es la Madre de los redimidos.

Al contemplarla en el Icono, pidamos la gracia de estar siempre abierto/a a escuchar atentamente la Palabra de su Hijo. María, nuestra Madre, nos enseña continuamente a abrir nuestro corazón a la llamada del Padre, a la acción del Espíritu Santo y a la Palabra de Jesús. Madre, ayúdanos a aprender de ti, para que también podamos siempre responder a Dios: Hágase en mí según Tu Palabra.

Padre Nuestro, Ave Marías, Gloria al Padre... Jesucristo, nuestro Redentor, en ti confiamos. Madre del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.

CUARTO MISTERIO:JESUCRISTO, EL REDENTOR, NUESTRO PERPETUO SOCORRO(Lc. 4:18-19).

Llegamos al centro del Icono en el cual meditamos: ¡Jesús! Es lo que los ángeles están focalizando. Es en Él, en el que se centra el abrazo protector de María, aunque ella nos mira a cada uno, con la intención de mostrarnos a su Hijo, nuestro Señor y Redentor. Él es el único que puede dar sentido a nuestra vida, el verdadero Perpetuo Socorro... por esta razón la llamamos en este Icono: Madre del Perpetuo Socorro.

Cristo nos ha redimido y siempre será Nuestro Redentor. Él es el Emmanuel, el Dios-con-nosotros. Su amor incondicional por los débiles, pobres y los que sufren, le trajo oposición, padecimiento y muerte en cruz. Ésta es la profundidad de Su amor. Pero la muerte no tenía la última palabra. Resucitó en gloria para darnos vida nueva. Entonces Éste es Jesús, el Redentor, quien es humilde y sin embargo, siempre firme en darnos su Abundante Redención.

Al contemplar este Misterio, nos sentimos completamente atraídos por el inmenso amor del Redentor y experimentamos el Perpetuo Socorro de María.

Padre Nuestro, Ave Marías, Gloria al Padre... Jesucristo, nuestro Redentor, en ti confiamos. Madre del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.

QUINTO MISTERIO: !QUE SEAMOS UNO!VIVIR EN COMUNIÓN CON DIOS Y UNOS CON OTROS (Juan 19:27; Hechos 1:14; Jn.17:21; Lumen Gentium #63).

¡Comunión! ¿ Acaso, no es hermoso cuando hay intercambio y completa unión? ¿No es maravilloso, donde a pesar de la diversidad, nos esforzamos por vivir en unidad? En esta parte del Icono, vemos las manos de Jesús agarrando la mano de María. Expresa la comunión entre la Madre y el Hijo. Vemos el compromiso total de María a Jesús y a Su misión. Aquí, podemos recordar que María nos mantiene también en sus manos como sus hijos/as, mientras Jesús amorosamente acepta la misión que el Padre le encomienda para redimirnos.

María, en este Icono, nos dice Hagan lo que Él les diga (Jn 2,5). También necesitamos escuchar las Palabras de Jesús que resuenan en nuestros corazones: Estoy contigo hasta el final de los tiempos. En esta contemplación del Icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, nos ofrecen la experiencia de comunión con el Redentor, con la Madre del Redentor y con todos los redimidos en cualquier situación que puedan encontrarse.

Dejemos que Jesús y Su Madre nos hagan instrumentos de comunión a través de vivir generosamente y genuinamente al máximo la vocación a la que estamos llamados, como cristianos. Oremos para que verdaderamente podamos vivir y difundir en nuestro medio - la paz, reconciliación, justicia, alegría y amor que Jesús y María nos están irradiando desde este Icono de la Comunión.

Padre Nuestro, Ave Marías, Gloria al Padre... Jesucristo, nuestro Redentor, en ti confiamos. Madre del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.

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