CONSIDERACIÓN PARA EL DÍA TERCERO:

EL CRISTO DE LAS AGUAS La indiecita siguió lavando ropa en las aguas del Guadalajara, que entonces corría por donde hoy está la torre de la Ermita. Un día, entre las espumas del río, la mujer observa un objeto brillante; era un pequeño crucifijo. Emocionada lo toma en sus manos. Lo lleva a su choza, lo coloca en una cajita de madera y empieza a venerarlo con su sencilla piedad de mujer del pueblo. Si antes había reconocido la imagen de Jesús en el prisionero; ahora recoge como recompensa la imagen que tanto deseaba. También nosotros hemos encontrado a Cristo en las aguas, pues por las aguas del bautismo se imprime en nosotros la imagen viva de Jesucristo. “Todos ustedes, que fueron bautizados para unirse a Cristo, se encuentran revestidos de él” (Gálatas 3,27). Las aguas bautismales nos hacen hijos de Dios. “Por medio del bautismo fuimos sepultados con Cristo, para ser resucitados y vivir una vida nueva” (Romanos 6,4). Meditemos estas palabras del evangelio, mientras contemplamos en la imagen las manos del Señor de los Milagros

Pidamos al Señor la gracia deseada. -Hagamos un propósito concreto, así sea algo pequeño (leer y meditar un párrafo de los evangelios, confortar a una persona que tiene un duelo, etc.). Plegaria: Padre de bondad, en nombre de tu Hijo Jesús renuncio a todo pecado, renuncio al maligno y a todas sus seducciones, a sus mentiras y engaños. Renuncio a la idolatría del placer, del poder o del tener. Renuncio a mi resentimiento y a mi rencor. En Cristo Jesús me has hecho hijo tuyo; libérame de todas las heridas provocadas por el desamor y que me impiden amarte. Tú eres mi Señor en la salud y en la enfermedad, en el éxito y en el fracaso, en las alegrías y en las tristezas, en la vida y en la muerte, en el presente y en la eternidad. María, madre del amor hermoso, eres tú quien mejor conoce a Jesús; ayúdame a hacer a un lado todo lo que obstaculiza mi encuentro con Él. María, alcánzame la gracia de que la Palabra de tu Hijo me conmueva, de que su amor me transforme y de que su perdón me haga capaz de perdonar. Amén. Padre Nuestro… Ave, María… Gloria al Padre… Jaculatoria: !Mi Dios y mi todo, no permitas que te pierda con el pecado mortal!

PRÁCTICA PARA EL DÍA TERCERO: HONRAR AL MILAGROSO EN CASA O EN LA IGLESIA, CON ALGÚN HOMENAJE.

CONSAGRACIÓN AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a visitarte para alabarte, bendecirte y darte gracias por tantos favores como me has concedido. Señor de los Milagros, porque te amo, me arrepiento de todos los pecados que he cometido y con los cuales te he crucificado de nuevo en mi corazón; te prometo comenzar desde hoy una vida nueva. Señor de los Milagros, porque te amo, quiero verte presente en cada uno de mis hermanos. Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a suplicarte como el leproso del evangelio: «Señor, si quieres, puedes curarme» (Mc 1,40). Cúrame, Señor, de la enfermedad del pecado y de las demás enfermedades que me hacen sufrir. Señor de los Milagros, porque te amo, me consagro a tu servicio con mi familia, con mis seres queridos, con mis trabajos, problemas y alegrías. Señor de los Milagros, porque te amo, quiero vivir siempre contigo durante la vida para vivir siempre contigo en el cielo. Oh María, Madre del Perpetuo Socorro, presenta tú misma esta consagración a tu divino Hijo. Amén.

GOZOS AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Milagroso, buen Jesús, sálvenos tu santa Cruz. Bondadoso, buen Jesús, eres Vida, Gozo y Luz. 1 Para salvar tus corderos te llamaste Buen Pastor, y con ese inmenso amor cruzaste nuestros senderos, Dios y hombre verdadero, nuestro guía y nuestra luz. 2 El Reino fue tu programa, la justicia y la hermandad, la paz y la caridad que un nuevo mundo proclama y que el corazón inflama, Peregrino de Emaús. 3 Admirable caridad de una indígena sencilla, que te obliga ¡oh maravilla! a volver una vez más para mostrar tu bondad, amable y dulce Jesús. 4 Tras la noche más oscura se hace el mundo luminoso, porque el Cristo Milagroso –como un astro de luz pura– sobre los pueblos fulgura desde el árbol de la cruz. 5 Multiplicas los portentos como en tu vida terrena, cambias en gozo las penas y en gracia los sufrimientos, a los tristes das contento y pan a la multitud. 6 Vamos haciendo camino entre gozos y dolor. Mira al pueblo en aflicción, Samaritano divino, y que tu aceite y tu vino hagan fecunda la cruz. 7 Oh Profeta de la vida, pregonero de la paz, concédenos superar la violencia fratricida. Cambia, Señor, las heridas en justicia y rectitud.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Señor de los Milagros, te damos gracias porque a una indiecita, en los comienzos de nuestra historia latinoamericana, la hiciste instrumento de tus maravillas. Aquella mujer nos recordó que más importaba la libertad de un hombre, que la posesión de una imagen. Suscita en nosotros el recuerdo de esta lección evangélica siempre que nos postremos ante ti, Señor de los Milagros, para pedirte un favor o agradecerte un beneficio. Acrecienta nuestra fe en tu presencia, que se manifiesta de diversos modos, ya te adoremos en la Eucaristía, ya te consideremos en tu Evangelio, o cuando nos postremos ante tu cruz, o te veamos en nuestros hermanos, especialmente en los que sufren y en los que luchan por el logro de sus aspiraciones hacia una vida más digna del ser humano. Bendícenos misericordioso a todos e inspíranos deseos sinceros de una vida más cristiana y más entregada al servicio de nuestros hermanos. Amén.