CONSIDERACIÓN PARA EL DÍA SEXTO:

EL CRSITO VENCEDOR Los portentos de la imagen se regaron como pólvora por el contorno y mucha gente de los alrededores de Buga quiso conocer y venerar la santa imagen. Era una devoción descontrolada e indiscreta. Algunos arañaban la imagen para llevarse trocitos como reliquias, y de esa forma afearon horriblemente el crucifijo. Tanto que un visitador eclesiástico (en el año 1605) ordenó quemar esa imagen tan desfigurada. En una ceremonia oficial, arrojaron la imagen a las llamas. Pero no se quemó; antes bien, empezó a sudar y a renovarse. De este hecho maravilloso y de los milagros que se siguieron al tocar a los enfermos con los pañuelos empapados en el sudor aceitoso de la imagen quedaron documentos juramentados. La autoridad eclesiástica, al constatar el crecimiento de la devoción a aquella imagen del crucificado, se vio obligada a autorizar el culto y a acompañarlo en las grandes festividades con algún sacerdote. Tal vez sea un recuerdo de esta prueba de fuego la fabricación de los rayos de luz que despide la cruz del Señor de los Milagros. La victoria de la imagen sobre el ímpetu del fuego destructor recordaba la victoria más gloriosa de Jesús crucificado, vencedor del pecado y de la muerte con su resurrección. Decía san Pedro: “a este Jesús que crucificaron, Dios lo resucitó de entre los muertos; él es la piedra angular que ustedes desecharon” (Hechos 4,10-11). Y san Pablo escribe: “Lo cierto es que Cristo fue resucitado de entre los muertos; él es el primer fruto de la cosecha de los que vencen la muerte” (1 Corintios 15,20). Meditemos esta Palabra de Dios, mientras contemplamos los rayos luminosos de la cruz del Señor de los Milagros

PIDAMOS AL SEÑOR LA GRACIA DESEADA. - HAGAMOS UN PROPÓSITO CONCRETO, ASÍ SEA ALGO PEQUEÑO (CREAR MEJOR AMBIENTE EN EL HOGAR, PERDONAR LAS OFENSAS, ETC..). Plegaria: Señor, haz que el fuego de tu amor y la gracia de tu sanación iluminen mi oscuridad y derritan el hielo del mal que aún habita en mí. Que a partir de ahora pueda yo amar a los demás con todo mi corazón, incluso a quienes me han lastimado. Perdona, Señor, las veces que me he agobiado a mí mismo y también a otros con la envidia y los celos. ¡Cúrame de la ausencia de amor en mis pensamientos, palabras y obras! María, madre del Perpetuo Socorro, después de haberme encontrado con tu Hijo Jesucristo deseo caminar junto a él por toda la vida. Alcánzame la gracia de vivir siempre en la luz y transmitirla a los demás. Amén. Padre Nuestro… Ave, María… Gloria al Padre… Jaculatoria: Señor, no me dejes caer en la tentación y apaga las llamas de mis pasiones.

PRÁCTICA PARA EL DÍA SEXTO: ANTES DE TERMINAR LA NOVENA HACER UNA CONFESIÓN, COMO SI FUERA LA ÚLTIMA DE LA VIDA.

CONSAGRACIÓN AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a visitarte para alabarte, bendecirte y darte gracias por tantos favores como me has concedido. Señor de los Milagros, porque te amo, me arrepiento de todos los pecados que he cometido y con los cuales te he crucificado de nuevo en mi corazón; te prometo comenzar desde hoy una vida nueva. Señor de los Milagros, porque te amo, quiero verte presente en cada uno de mis hermanos. Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a suplicarte como el leproso del evangelio: «Señor, si quieres, puedes curarme» (Mc 1,40). Cúrame, Señor, de la enfermedad del pecado y de las demás enfermedades que me hacen sufrir. Señor de los Milagros, porque te amo, me consagro a tu servicio con mi familia, con mis seres queridos, con mis trabajos, problemas y alegrías. Señor de los Milagros, porque te amo, quiero vivir siempre contigo durante la vida para vivir siempre contigo en el cielo. Oh María, Madre del Perpetuo Socorro, presenta tú misma esta consagración a tu divino Hijo. Amén.

GOZOS AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Milagroso, buen Jesús, sálvenos tu santa Cruz. Bondadoso, buen Jesús, eres Vida, Gozo y Luz. 1 Para salvar tus corderos te llamaste Buen Pastor, y con ese inmenso amor cruzaste nuestros senderos, Dios y hombre verdadero, nuestro guía y nuestra luz. 2 El Reino fue tu programa, la justicia y la hermandad, la paz y la caridad que un nuevo mundo proclama y que el corazón inflama, Peregrino de Emaús. 3 Admirable caridad de una indígena sencilla, que te obliga ¡oh maravilla! a volver una vez más para mostrar tu bondad, amable y dulce Jesús. 4 Tras la noche más oscura se hace el mundo luminoso, porque el Cristo Milagroso –como un astro de luz pura– sobre los pueblos fulgura desde el árbol de la cruz. 5 Multiplicas los portentos como en tu vida terrena, cambias en gozo las penas y en gracia los sufrimientos, a los tristes das contento y pan a la multitud. 6 Vamos haciendo camino entre gozos y dolor. Mira al pueblo en aflicción, Samaritano divino, y que tu aceite y tu vino hagan fecunda la cruz. 7 Oh Profeta de la vida, pregonero de la paz, concédenos superar la violencia fratricida. Cambia, Señor, las heridas en justicia y rectitud.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Señor de los Milagros, te damos gracias porque a una indiecita, en los comienzos de nuestra historia latinoamericana, la hiciste instrumento de tus maravillas. Aquella mujer nos recordó que más importaba la libertad de un hombre, que la posesión de una imagen. Suscita en nosotros el recuerdo de esta lección evangélica siempre que nos postremos ante ti, Señor de los Milagros, para pedirte un favor o agradecerte un beneficio. Acrecienta nuestra fe en tu presencia, que se manifiesta de diversos modos, ya te adoremos en la Eucaristía, ya te consideremos en tu Evangelio, o cuando nos postremos ante tu cruz, o te veamos en nuestros hermanos, especialmente en los que sufren y en los que luchan por el logro de sus aspiraciones hacia una vida más digna del ser humano. Bendícenos misericordioso a todos e inspíranos deseos sinceros de una vida más cristiana y más entregada al servicio de nuestros hermanos. Amén.