CONSIDERACIÓN PARA EL DÍA QUINTO:

CRECIMIENTO EN CRISTO Una noche la indiecita oyó que la caja, dentro de la cual había colocado el crucifijo, traqueteaba y crujía con extraño ruido. Se acercó y comprobó que la imagen había crecido y reventado la madera de la caja. Era ahora una imagen casi de tamaño natural, tal como se encuentra aún hoy en el camarín de la Basílica y de donde sale únicamente cada siete años con motivo de las Rogativas. Enterados de aquel hecho extraordinario, los vecinos comenzaron a reunirse con fervor en torno a la imagen, convirtiendo la choza de la indígena en la primera capilla para veneración del Crucificado. Cuando Jesús vivió en esta tierra, “crecía en edad y sabiduría delante de Dios y de los hombres” (Lucas 2, 52). Y cuando los hombres inicuos pretendieron quitarlo de en medio matándolo y sepultándolo, fue el momento en que creció con más gloria y esplendor por su maravillosa resurrección. “Por eso, Dios le dio el más alto honor y el nombre sobre-todo-nombre” (Filipenses 2,9). El crecimiento de la imagen nos recuerda, además, que nosotros crecemos como personas y como cristianos. Lo dice bellamente san Pablo: “Dios preparó a los suyos para hacer su trabajo de servicio, para hacer crecer el cuerpo de Cristo… Así seremos personas maduras, desarrolladas conforme a la estatura completa de Cristo” (Efesios 4,12-13). Meditemos estas palabras del evangelio, mientras contemplamos en la imagen los pies del Señor de los Milagros

PIDAMOS AL SEÑOR LA GRACIA DESEADA. - HAGAMOS UN PROPÓSITO CONCRETO, ASÍ SEA ALGO PEQUEÑO (NO COMER ADESHORAS, HACER EJERCICIO FÍSICO, ETC..). Plegaria: Te pido, Padre misericordioso, que mi devoción al Señor de los Milagros se manifieste también en mi crecimiento como persona y como cristiano. Que logre madurar en responsabilidad y honestidad; que perfeccione mis capacidades intelectuales para hacer mucho mejor la tarea que me has asignado en el mundo, y crezca psicológicamente al integrar todos los aspectos de mi existencia. Y tú, Señor mío Jesucristo, envía sobre mí y sobre mi familia el don de tu Espíritu Santo para que cimentemos nuestras relaciones en la concordia y el cariño mutuo. María, madre de la esperanza, acompaña nuestro caminar y nuestro crecimiento como hijos tuyos y devotos fieles del Señor de los Milagros. Y protege con amor maternal la vida de los niños y de los jóvenes, para que sepan recibir de sus mayores los verdaderos valores de la vida. Amén. Padre Nuestro… Ave, María… Gloria al Padre… Jaculatoria: A ti, Señor, todo honor y gloria. No permitas que me desaliente en tu servicio

Práctica para el día quinto: Sobrellevar sin quejarse, alguna humillación o privación.

CONSAGRACIÓN AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a visitarte para alabarte, bendecirte y darte gracias por tantos favores como me has concedido. Señor de los Milagros, porque te amo, me arrepiento de todos los pecados que he cometido y con los cuales te he crucificado de nuevo en mi corazón; te prometo comenzar desde hoy una vida nueva. Señor de los Milagros, porque te amo, quiero verte presente en cada uno de mis hermanos. Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a suplicarte como el leproso del evangelio: «Señor, si quieres, puedes curarme» (Mc 1,40). Cúrame, Señor, de la enfermedad del pecado y de las demás enfermedades que me hacen sufrir. Señor de los Milagros, porque te amo, me consagro a tu servicio con mi familia, con mis seres queridos, con mis trabajos, problemas y alegrías. Señor de los Milagros, porque te amo, quiero vivir siempre contigo durante la vida para vivir siempre contigo en el cielo. Oh María, Madre del Perpetuo Socorro, presenta tú misma esta consagración a tu divino Hijo. Amén.

GOZOS AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Milagroso, buen Jesús, sálvenos tu santa Cruz. Bondadoso, buen Jesús, eres Vida, Gozo y Luz. 1 Para salvar tus corderos te llamaste Buen Pastor, y con ese inmenso amor cruzaste nuestros senderos, Dios y hombre verdadero, nuestro guía y nuestra luz. 2 El Reino fue tu programa, la justicia y la hermandad, la paz y la caridad que un nuevo mundo proclama y que el corazón inflama, Peregrino de Emaús. 3 Admirable caridad de una indígena sencilla, que te obliga ¡oh maravilla! a volver una vez más para mostrar tu bondad, amable y dulce Jesús. 4 Tras la noche más oscura se hace el mundo luminoso, porque el Cristo Milagroso –como un astro de luz pura– sobre los pueblos fulgura desde el árbol de la cruz. 5 Multiplicas los portentos como en tu vida terrena, cambias en gozo las penas y en gracia los sufrimientos, a los tristes das contento y pan a la multitud. 6 Vamos haciendo camino entre gozos y dolor. Mira al pueblo en aflicción, Samaritano divino, y que tu aceite y tu vino hagan fecunda la cruz. 7 Oh Profeta de la vida, pregonero de la paz, concédenos superar la violencia fratricida. Cambia, Señor, las heridas en justicia y rectitud.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Señor de los Milagros, te damos gracias porque a una indiecita, en los comienzos de nuestra historia latinoamericana, la hiciste instrumento de tus maravillas. Aquella mujer nos recordó que más importaba la libertad de un hombre, que la posesión de una imagen. Suscita en nosotros el recuerdo de esta lección evangélica siempre que nos postremos ante ti, Señor de los Milagros, para pedirte un favor o agradecerte un beneficio. Acrecienta nuestra fe en tu presencia, que se manifiesta de diversos modos, ya te adoremos en la Eucaristía, ya te consideremos en tu Evangelio, o cuando nos postremos ante tu cruz, o te veamos en nuestros hermanos, especialmente en los que sufren y en los que luchan por el logro de sus aspiraciones hacia una vida más digna del ser humano. Bendícenos misericordioso a todos e inspíranos deseos sinceros de una vida más cristiana y más entregada al servicio de nuestros hermanos. Amén.