CONSIDERACIÓN PARA EL DÍA PRIMERO:

LOS CAMINOS DE DIOS Jesús declaró un día: “Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste a los sabios y entendidos” (Lucas 10,21). Por eso, el Padre Dios se sirvió de una mujer humilde y pobre, de una indígena lavandera, para entregarnos por ella la imagen de su Hijo muerto y resucitado que contemplamos en esta imagen del Señor de los Milagros. La mujer sencilla, que había conocido lo fundamental de la fe cristiana en la catequesis de los misioneros, ahorraba dinero y trabajaba con el fin de mandar esculpir una imagencita de Jesús Crucificado. Quería tener consigo la representación de su amado Jesús, regalo de Dios a toda la humanidad. “Tanto amó Dios al mundo, que envió a su propio Hijo, para que todo aquel que crea en Él tenga vida eterna”. (Juan 3,16). Meditemos estas frases del evangelio, mientras contemplamos en la imagen la cruz luminosa del Señor de los Milagros

PIDAMOS AL SEÑOR LA GRACIA DESEADA. -HAGAMOS UN PROPÓSITO CONCRETO, ASÍ SEA ALGO PEQUEÑO (SALUDAR A LOS VECINOS, ORAR POR UNA PERSONA ENFERMA, ETC.). Plegaria: Jesús, tú viniste por los enfermos y los pecadores. Por eso, me vuelvo hacia ti y quiero pedirte que sanes mi alma y mi cuerpo. Tú sabes, Jesús, que el pecado destroza y desgarra la integridad del ser humano, que destruye las relaciones entre las personas y nuestra amistad contigo. Pero no existe pecado ni enfermedad que tú no puedas curar con tu palabra omnipotente. Tú eres el Dios con nosotros; te pido que transformes mi vida. María, Madre del Redentor, ora conmigo para que pueda obtener la gracia de la sanación, no sólo para mí, sino también para aquellos por quienes deseo interceder ante el Señor. Amén. Padre Nuestro… Ave, María… Gloria al Padre… Jaculatoria: !Gracias, Señor, por habernos hecho cristianos! !Auméntanos la fe!

PRÁCTICA PARA EL DÍA PRIMERO: RECORRER EL VIACRUCIS O MEDITAR LOS PASOS ANTE UN CRUCIFIJO.

CONSAGRACIÓN AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a visitarte para alabarte, bendecirte y darte gracias por tantos favores como me has concedido. Señor de los Milagros, porque te amo, me arrepiento de todos los pecados que he cometido y con los cuales te he crucificado de nuevo en mi corazón; te prometo comenzar desde hoy una vida nueva. Señor de los Milagros, porque te amo, quiero verte presente en cada uno de mis hermanos. Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a suplicarte como el leproso del evangelio: «Señor, si quieres, puedes curarme» (Mc 1,40). Cúrame, Señor, de la enfermedad del pecado y de las demás enfermedades que me hacen sufrir. Señor de los Milagros, porque te amo, me consagro a tu servicio con mi familia, con mis seres queridos, con mis trabajos, problemas y alegrías. Señor de los Milagros, porque te amo, quiero vivir siempre contigo durante la vida para vivir siempre contigo en el cielo. Oh María, Madre del Perpetuo Socorro, presenta tú misma esta consagración a tu divino Hijo. Amén.

GOZOS AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Milagroso, buen Jesús, sálvenos tu santa Cruz. Bondadoso, buen Jesús, eres Vida, Gozo y Luz. 1 Para salvar tus corderos te llamaste Buen Pastor, y con ese inmenso amor cruzaste nuestros senderos, Dios y hombre verdadero, nuestro guía y nuestra luz. 2 El Reino fue tu programa, la justicia y la hermandad, la paz y la caridad que un nuevo mundo proclama y que el corazón inflama, Peregrino de Emaús. 3 Admirable caridad de una indígena sencilla, que te obliga ¡oh maravilla! a volver una vez más para mostrar tu bondad, amable y dulce Jesús. 4 Tras la noche más oscura se hace el mundo luminoso, porque el Cristo Milagroso –como un astro de luz pura– sobre los pueblos fulgura desde el árbol de la cruz. 5 Multiplicas los portentos como en tu vida terrena, cambias en gozo las penas y en gracia los sufrimientos, a los tristes das contento y pan a la multitud. 6 Vamos haciendo camino entre gozos y dolor. Mira al pueblo en aflicción, Samaritano divino, y que tu aceite y tu vino hagan fecunda la cruz. 7 Oh Profeta de la vida, pregonero de la paz, concédenos superar la violencia fratricida. Cambia, Señor, las heridas en justicia y rectitud.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Señor de los Milagros, te damos gracias porque a una indiecita, en los comienzos de nuestra historia latinoamericana, la hiciste instrumento de tus maravillas. Aquella mujer nos recordó que más importaba la libertad de un hombre, que la posesión de una imagen. Suscita en nosotros el recuerdo de esta lección evangélica siempre que nos postremos ante ti, Señor de los Milagros, para pedirte un favor o agradecerte un beneficio. Acrecienta nuestra fe en tu presencia, que se manifiesta de diversos modos, ya te adoremos en la Eucaristía, ya te consideremos en tu Evangelio, o cuando nos postremos ante tu cruz, o te veamos en nuestros hermanos, especialmente en los que sufren y en los que luchan por el logro de sus aspiraciones hacia una vida más digna del ser humano. Bendícenos misericordioso a todos e inspíranos deseos sinceros de una vida más cristiana y más entregada al servicio de nuestros hermanos. Amén.