CONSIDERACIÓN PARA EL DÍA OCTAVO:

CAMBIAR DE CAUSCE Cuando los vecinos de Buga quisieron construir un templo al Señor de los Milagros, tropezaron con la dificultad de que no podían levantarlo muy cerca del río, porque sus márgenes eran aún muy inestables. Y cuentan que, el día menos pensado, el río cambió de cauce hacia el sur, desviándose al lugar por donde hoy corren sus aguas. Entonces, sobre el lugar donde se suponía había sido hallada la imagen, se construyó la "Ermita", y, siglos más tarde, la actual Basílica. El río cambió de cauce. Así mismo, el Señor nos exhorta a cambiar de ruta, a enderezar nuestros caminos, a buscar cada día mejores rumbos de vida. El cristiano no se puede estancar; tiene que seguir avanzando. Y, a veces, tiene que cambiar de cauce en su vida para realizarse plenamente como persona. Con esta invitación empezó Jesús su predicación del evangelio: “Cambien de actitud, y crean en el mensaje de salvación” (Marcos 1,14). Meditemos estas palabras del evangelio, mientras contemplamos en la imagen la boca del Señor de los Milagros

PIDAMOS AL SEÑOR LA GRACIA DESEADA. - HAGAMOS UN PROPÓSITO CONCRETO, ASÍ SEA ALGO PEQUEÑO ( MEDITAR EN EL AMOR DE DIOS, HACER UNA REVISIÓN DE VIDA PARA VER QUÉ ES LO QUE URGE CAMBIAR, ETC.). Plegaria: Te doy gracias, Señor Jesús, porque con tus palabras y tu ejemplo viniste a proponer un nuevo modo de ser personas y de vivir en fraternidad. Perdóname porque a veces me he desviado del camino del bien, y perdona a todos aquellos que no quieren cambiar y persisten en sus errores. Y con tu perdón danos la fortaleza de tu Espíritu Santo para caminar por sendas de justicia y rectitud. María, nuestra Señora del camino, que acompañaste a tu hijo Jesús durante toda la vida y, en especial, por la vía del calvario, ilumínanos con la estrella que brilla en tu frente y cúbrenos con tu manto protector. Ven con nosotros al caminar, y consuélanos con tu presencia en el momento de la muerte. Amén. Padre Nuestro… Ave, María… Gloria al Padre… Jaculatoria: Señor que tu nombre sea glorificado en toda la tierra.

GOZOS AL SEÑOR DE LOS MILAGROS Milagroso, buen Jesús, sálvenos tu santa Cruz. Bondadoso, buen Jesús, eres Vida, Gozo y Luz. 1 Para salvar tus corderos te llamaste Buen Pastor, y con ese inmenso amor cruzaste nuestros senderos, Dios y hombre verdadero, nuestro guía y nuestra luz. 2 El Reino fue tu programa, la justicia y la hermandad, la paz y la caridad que un nuevo mundo proclama y que el corazón inflama, Peregrino de Emaús. 3 Admirable caridad de una indígena sencilla, que te obliga ¡oh maravilla! a volver una vez más para mostrar tu bondad, amable y dulce Jesús. 4 Tras la noche más oscura se hace el mundo luminoso, porque el Cristo Milagroso –como un astro de luz pura– sobre los pueblos fulgura desde el árbol de la cruz. 5 Multiplicas los portentos como en tu vida terrena, cambias en gozo las penas y en gracia los sufrimientos, a los tristes das contento y pan a la multitud. 6 Vamos haciendo camino entre gozos y dolor. Mira al pueblo en aflicción, Samaritano divino, y que tu aceite y tu vino hagan fecunda la cruz. 7 Oh Profeta de la vida, pregonero de la paz, concédenos superar la violencia fratricida. Cambia, Señor, las heridas en justicia y rectitud.

PRÁCTICA PARA EL DÍA OCTAVO: ACONSEJAR A LOS EBFERMOS LA NOVENA DEL SEÑOR DE LOS MIALGROS.

CONSAGRACIÓN AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a visitarte para alabarte, bendecirte y darte gracias por tantos favores como me has concedido. Señor de los Milagros, porque te amo, me arrepiento de todos los pecados que he cometido y con los cuales te he crucificado de nuevo en mi corazón; te prometo comenzar desde hoy una vida nueva. Señor de los Milagros, porque te amo, quiero verte presente en cada uno de mis hermanos. Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a suplicarte como el leproso del evangelio: «Señor, si quieres, puedes curarme» (Mc 1,40). Cúrame, Señor, de la enfermedad del pecado y de las demás enfermedades que me hacen sufrir. Señor de los Milagros, porque te amo, me consagro a tu servicio con mi familia, con mis seres queridos, con mis trabajos, problemas y alegrías. Señor de los Milagros, porque te amo, quiero vivir siempre contigo durante la vida para vivir siempre contigo en el cielo. Oh María, Madre del Perpetuo Socorro, presenta tú misma esta consagración a tu divino Hijo. Amén.

GOZOS AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Milagroso, buen Jesús, sálvenos tu santa Cruz. Bondadoso, buen Jesús, eres Vida, Gozo y Luz. 1 Para salvar tus corderos te llamaste Buen Pastor, y con ese inmenso amor cruzaste nuestros senderos, Dios y hombre verdadero, nuestro guía y nuestra luz. 2 El Reino fue tu programa, la justicia y la hermandad, la paz y la caridad que un nuevo mundo proclama y que el corazón inflama, Peregrino de Emaús. 3 Admirable caridad de una indígena sencilla, que te obliga ¡oh maravilla! a volver una vez más para mostrar tu bondad, amable y dulce Jesús. 4 Tras la noche más oscura se hace el mundo luminoso, porque el Cristo Milagroso –como un astro de luz pura– sobre los pueblos fulgura desde el árbol de la cruz. 5 Multiplicas los portentos como en tu vida terrena, cambias en gozo las penas y en gracia los sufrimientos, a los tristes das contento y pan a la multitud. 6 Vamos haciendo camino entre gozos y dolor. Mira al pueblo en aflicción, Samaritano divino, y que tu aceite y tu vino hagan fecunda la cruz. 7 Oh Profeta de la vida, pregonero de la paz, concédenos superar la violencia fratricida. Cambia, Señor, las heridas en justicia y rectitud.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Señor de los Milagros, te damos gracias porque a una indiecita, en los comienzos de nuestra historia latinoamericana, la hiciste instrumento de tus maravillas. Aquella mujer nos recordó que más importaba la libertad de un hombre, que la posesión de una imagen. Suscita en nosotros el recuerdo de esta lección evangélica siempre que nos postremos ante ti, Señor de los Milagros, para pedirte un favor o agradecerte un beneficio. Acrecienta nuestra fe en tu presencia, que se manifiesta de diversos modos, ya te adoremos en la Eucaristía, ya te consideremos en tu Evangelio, o cuando nos postremos ante tu cruz, o te veamos en nuestros hermanos, especialmente en los que sufren y en los que luchan por el logro de sus aspiraciones hacia una vida más digna del ser humano. Bendícenos misericordioso a todos e inspíranos deseos sinceros de una vida más cristiana y más entregada al servicio de nuestros hermanos. Amén.