CONSIDERACIÓN PARA EL DÍA NOVENO:

EL AMOR NOS HERMANA EN CRISTO Los devotos del Señor de los Milagros provienen de muchos lugares del país y del extranjero, como una inmensa fraternidad espiritual. Para todos ellos, recibir una gracia del Señor es sentirse en la obligación de agradecer y de hacer el bien a los demás. "Cumplir una promesa" no es tan sólo llegar hasta la santa imagen, depositar una limosna y rezar alguna devoción; es esto y mucho más. Es sentirse invitado a ser más cristiano y a formar comunidad, a ser más hermano de los demás. El peregrino del Señor de los Milagros no puede olvidar el gesto de la indiecita que originó esta devoción. Sabe que no pide solamente para él y sus familiares, sino que implora del Señor salud, paz y prosperidad para todos. Así lo reconoció el apóstol Santiago: “Oren unos por otros para alcanzar sanación. La oración fervorosa de una persona buena tiene mucho poder” (Santiago 6,16). Meditemos estas palabras del evangelio, mientras contemplamos el rostro del Señor de los Milagros

PIDAMOS AL SEÑOR LA GRACIA DESEADA. - HAGAMOS UN PROPÓSITO CONCRETO, ASÍ SEA ALGO PEQUEÑO (CUIDAR LA NATURALEZA, HACER UNA OBRA BUENA SIN FOMENTAR LA MENDICIDAD, ETC.). Plegaria: Padre Dios, tú me creaste de tal manera que fuera capaz, por medio de mi servicio y mi amor, de alcanzar la felicidad aquí en la tierra y después contigo en el cielo. Renuncio a cualquier antipatía y rencor, a cualquier tipo de violencia, y me decido por el amor. Al terminar esta novena envía tu Espíritu Santo sobre mí, para que pueda amarte en toda persona y en toda criatura. María, madre del Señor y madre nuestra, sé que aún existen en mi vida aspectos que no han sido sanados por el amor. Desde hoy quiero vivir cada momento de mi vida por amor a Dios y a los demás, como lo hizo Jesucristo tu Hijo, a quien contemplo en la imagen del Señor de los Milagros. Señora mía y madre mía, ruega a él por mí para alcanzar la gracia que he implorado en esta novena. Amén. Padre Nuestro… Ave, María… Gloria al Padre… Jaculatoria: Señor de los Milagros, ten piedad de los pobres, de los enfermos y de los pecadores.

GOZOS AL SEÑOR DE LOS MILAGROS Milagroso, buen Jesús, sálvenos tu santa Cruz. Bondadoso, buen Jesús, eres Vida, Gozo y Luz. 1 Para salvar tus corderos te llamaste Buen Pastor, y con ese inmenso amor cruzaste nuestros senderos, Dios y hombre verdadero, nuestro guía y nuestra luz. 2 El Reino fue tu programa, la justicia y la hermandad, la paz y la caridad que un nuevo mundo proclama y que el corazón inflama, Peregrino de Emaús. 3 Admirable caridad de una indígena sencilla, que te obliga ¡oh maravilla! a volver una vez más para mostrar tu bondad, amable y dulce Jesús. 4 Tras la noche más oscura se hace el mundo luminoso, porque el Cristo Milagroso –como un astro de luz pura– sobre los pueblos fulgura desde el árbol de la cruz. 5 Multiplicas los portentos como en tu vida terrena, cambias en gozo las penas y en gracia los sufrimientos, a los tristes das contento y pan a la multitud. 6 Vamos haciendo camino entre gozos y dolor. Mira al pueblo en aflicción, Samaritano divino, y que tu aceite y tu vino hagan fecunda la cruz. 7 Oh Profeta de la vida, pregonero de la paz, concédenos superar la violencia fratricida. Cambia, Señor, las heridas en justicia y rectitud.

PRÁCTICA PARA EL DÍA NOVENO: HACERSE APÓSTOL DE LA DEVOCIÓN AL SEÑOR DE LOS MILAGROS DE BUGA.

CONSAGRACIÓN AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a visitarte para alabarte, bendecirte y darte gracias por tantos favores como me has concedido. Señor de los Milagros, porque te amo, me arrepiento de todos los pecados que he cometido y con los cuales te he crucificado de nuevo en mi corazón; te prometo comenzar desde hoy una vida nueva. Señor de los Milagros, porque te amo, quiero verte presente en cada uno de mis hermanos. Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a suplicarte como el leproso del evangelio: «Señor, si quieres, puedes curarme» (Mc 1,40). Cúrame, Señor, de la enfermedad del pecado y de las demás enfermedades que me hacen sufrir. Señor de los Milagros, porque te amo, me consagro a tu servicio con mi familia, con mis seres queridos, con mis trabajos, problemas y alegrías. Señor de los Milagros, porque te amo, quiero vivir siempre contigo durante la vida para vivir siempre contigo en el cielo. Oh María, Madre del Perpetuo Socorro, presenta tú misma esta consagración a tu divino Hijo. Amén.

GOZOS AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Milagroso, buen Jesús, sálvenos tu santa Cruz. Bondadoso, buen Jesús, eres Vida, Gozo y Luz. 1 Para salvar tus corderos te llamaste Buen Pastor, y con ese inmenso amor cruzaste nuestros senderos, Dios y hombre verdadero, nuestro guía y nuestra luz. 2 El Reino fue tu programa, la justicia y la hermandad, la paz y la caridad que un nuevo mundo proclama y que el corazón inflama, Peregrino de Emaús. 3 Admirable caridad de una indígena sencilla, que te obliga ¡oh maravilla! a volver una vez más para mostrar tu bondad, amable y dulce Jesús. 4 Tras la noche más oscura se hace el mundo luminoso, porque el Cristo Milagroso –como un astro de luz pura– sobre los pueblos fulgura desde el árbol de la cruz. 5 Multiplicas los portentos como en tu vida terrena, cambias en gozo las penas y en gracia los sufrimientos, a los tristes das contento y pan a la multitud. 6 Vamos haciendo camino entre gozos y dolor. Mira al pueblo en aflicción, Samaritano divino, y que tu aceite y tu vino hagan fecunda la cruz. 7 Oh Profeta de la vida, pregonero de la paz, concédenos superar la violencia fratricida. Cambia, Señor, las heridas en justicia y rectitud.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Señor de los Milagros, te damos gracias porque a una indiecita, en los comienzos de nuestra historia latinoamericana, la hiciste instrumento de tus maravillas. Aquella mujer nos recordó que más importaba la libertad de un hombre, que la posesión de una imagen. Suscita en nosotros el recuerdo de esta lección evangélica siempre que nos postremos ante ti, Señor de los Milagros, para pedirte un favor o agradecerte un beneficio. Acrecienta nuestra fe en tu presencia, que se manifiesta de diversos modos, ya te adoremos en la Eucaristía, ya te consideremos en tu Evangelio, o cuando nos postremos ante tu cruz, o te veamos en nuestros hermanos, especialmente en los que sufren y en los que luchan por el logro de sus aspiraciones hacia una vida más digna del ser humano. Bendícenos misericordioso a todos e inspíranos deseos sinceros de una vida más cristiana y más entregada al servicio de nuestros hermanos. Amén.