CONSIDERACIÓN PARA EL DÍA CUARTO:

UNA IMAGEN VALE MAS QUE MIL PALABRAS La imagen de Jesucristo crucificado que presidía la choza de la indígena era para ella todo su tesoro. No sólo era el “retrato hablado” del Nazareno que había predicado el Reino de Dios, Reino de justicia, amor y paz, sino también el inicio para ella de una nueva vida en Cristo. Aquella imagen no era una invención humana; era un regalo que Dios había querido hacerle a ella y a todo su pueblo. La mujer indígena no pretendía atrapar en una representación visible al Dios invisible, sino entrar en comunión con Jesús, imagen perfecta del Padre, que por la encarnación se había hecho cercano, tocable. Sabía que un retrato no es la persona, pero la representa, la recuerda; y eso le bastaba. Quería sentirse como los primeros discípulos y poder repetir: “Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, eso que hemos visto y oído, eso les anunciamos para que también ustedes estén en comunión con nosotros, ya que estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo” (1 Juan 1,1-3). Meditemos estas palabras del evangelio, mientras contemplamos en la imagen el rostro del Señor de los Milagros

PIDAMOS AL SEÑOR LA GRACIA DESEADA. - HAGAMOS UN PROPÓSITO CONCRETO, ASÍ SEA ALGO PEQUEÑO (HABLAR DE JESUCRISTO CON ALGUNA PERSONA, REGALAR ALGUNA ESTAMPA O IMAGEN DE JESÚS, ETC.). Plegaría: Padre de bondad, escucha hoy esta mi plegaria sincera. Me postro ante la imagen de tu Hijo, el Señor de los Milagros, porque en él hay sanación y liberación, ya que "en él habita la plenitud de la divinidad” (Colosenses 2,9). Esta imagen me recuerda todo el amor que nos tienes y todas las gracias que nos concedes continuamente. Ya han pasado más de cuatro siglos desde los albores de esta devoción y el paso de los años confirma los portentos que por medio de ella quieres realizar entre quienes buscamos en el Señor de los Milagros salud y serenidad espiritual, prosperidad y gozo interior. María, madre de Jesús y madre nuestra, alcánzanos con tu intercesión el regalo maravilloso de que el rostro bondadoso de Jesucristo se refleje en todos los que meditamos esta novena. Yo sé que éste es también tu deseo. Amén. Padre Nuestro… Ave, María… Gloria al Padre… Jaculatoria: Dame, Señor, que con digna recepción de tus sacramentos, se aumente en mi la gracia.

Práctica para el día cuarto: Ofrecer una Misa por la conversión de los pecadores más endurecidos.

CONSAGRACIÓN AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a visitarte para alabarte, bendecirte y darte gracias por tantos favores como me has concedido. Señor de los Milagros, porque te amo, me arrepiento de todos los pecados que he cometido y con los cuales te he crucificado de nuevo en mi corazón; te prometo comenzar desde hoy una vida nueva. Señor de los Milagros, porque te amo, quiero verte presente en cada uno de mis hermanos. Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a suplicarte como el leproso del evangelio: «Señor, si quieres, puedes curarme» (Mc 1,40). Cúrame, Señor, de la enfermedad del pecado y de las demás enfermedades que me hacen sufrir. Señor de los Milagros, porque te amo, me consagro a tu servicio con mi familia, con mis seres queridos, con mis trabajos, problemas y alegrías. Señor de los Milagros, porque te amo, quiero vivir siempre contigo durante la vida para vivir siempre contigo en el cielo. Oh María, Madre del Perpetuo Socorro, presenta tú misma esta consagración a tu divino Hijo. Amén.

GOZOS AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Milagroso, buen Jesús, sálvenos tu santa Cruz. Bondadoso, buen Jesús, eres Vida, Gozo y Luz. 1 Para salvar tus corderos te llamaste Buen Pastor, y con ese inmenso amor cruzaste nuestros senderos, Dios y hombre verdadero, nuestro guía y nuestra luz. 2 El Reino fue tu programa, la justicia y la hermandad, la paz y la caridad que un nuevo mundo proclama y que el corazón inflama, Peregrino de Emaús. 3 Admirable caridad de una indígena sencilla, que te obliga ¡oh maravilla! a volver una vez más para mostrar tu bondad, amable y dulce Jesús. 4 Tras la noche más oscura se hace el mundo luminoso, porque el Cristo Milagroso –como un astro de luz pura– sobre los pueblos fulgura desde el árbol de la cruz. 5 Multiplicas los portentos como en tu vida terrena, cambias en gozo las penas y en gracia los sufrimientos, a los tristes das contento y pan a la multitud. 6 Vamos haciendo camino entre gozos y dolor. Mira al pueblo en aflicción, Samaritano divino, y que tu aceite y tu vino hagan fecunda la cruz. 7 Oh Profeta de la vida, pregonero de la paz, concédenos superar la violencia fratricida. Cambia, Señor, las heridas en justicia y rectitud.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Señor de los Milagros, te damos gracias porque a una indiecita, en los comienzos de nuestra historia latinoamericana, la hiciste instrumento de tus maravillas. Aquella mujer nos recordó que más importaba la libertad de un hombre, que la posesión de una imagen. Suscita en nosotros el recuerdo de esta lección evangélica siempre que nos postremos ante ti, Señor de los Milagros, para pedirte un favor o agradecerte un beneficio. Acrecienta nuestra fe en tu presencia, que se manifiesta de diversos modos, ya te adoremos en la Eucaristía, ya te consideremos en tu Evangelio, o cuando nos postremos ante tu cruz, o te veamos en nuestros hermanos, especialmente en los que sufren y en los que luchan por el logro de sus aspiraciones hacia una vida más digna del ser humano. Bendícenos misericordioso a todos e inspíranos deseos sinceros de una vida más cristiana y más entregada al servicio de nuestros hermanos. Amén.