La Ermita
Pregoneros de la Redención de Cristo
Desde la llegada de los Redentoristas, la Ermita se convirtió en una misión continua.
Poco a poco crecía la devoción al Señor de los Milagros de la ciudad de Buga. Hubo, sin embargo, un acontecimiento que marcó definitivamente la realidad del Santuario y que lo hizo conocer rápidamente en todo el ámbito de la República colombiana: la llegada allí de los Misioneros Redentoristas. En un discurso pronunciado el día 2 1 de Agosto de 1884, decía así el famoso literato colombiano Jorge Isaacs:
"Con cuanto gusto he venido a rendir emocionado homenaje y calurosa bienvenida a los distinguidos religiosos de la Comunidad Redentorista, que desde tierras lejanas llegan para permanecer en esta urbe ensoñadora. Vuestro viaje ha sido largo y penoso; innumerables sacrificios habéis hecho para cumplir vuestra misión; vuestra obligación ha sido extremada, pero hoy - por fin tenéis la honda satisfacción de pisar suelo (valle) caucano y al contemplar mudos de asombro la exuberante belleza de nuestra tierra, habréis exclamado con los Israelitas al llegar a la tierra prometida: !Qué grande es el Señor e inmensa su misericordia! ... Es poética la tradición de la humilde y pobrísima cabaña donde vivía la piadosa anciana, a quien Dios premió su ardiente caridad, ofrecida como El lo quiere, sin alardes, en la oportunidad y cuantía que se necesita, anteponiendo su obra a las propias necesidades y deseos... En acto heroico aquella humilde mujer se desprende de las monedas que tenía destinadas para encargar al Reino de Quito la imagen de Dios crucificado, y las entrega para salvar de la cárcel a un pobre hombre que quizá ella ni siquiera conocía. En un instante aquella alma noble y generosa comprende que debe ofrendar a su Dios la rosa roja de una caridad sin límites. Ella no espera recompensa: ¿de quién podía esperar, si aquel hombre nunca tendría cómo devolver el capital prestado? Dios fiel a su palabra- devuelve con creces aquella dádiva y un día, un bello día, cuando el sol se alzaba más esplendoroso como un sol de apoteosis, las transparentes y azuladas aguas del río Guadalajara dejaban entre las temblorosas manos de la piadosa mujer el regio presente de un pequeño crucifijo.
Se dice que la anciana era lavandera, única habitante de aquellas orillas y que loca de alegría lleva el precioso regalo a su humilde morada para rendirle culto como al rey de su corazón... Poco a poco la choza de la india se convierte en lugar de oración y alabanza".
Los bugueños, herederos de la lavandera en su piedad y devoción, erigieron la Ermita, llamada así porque este nombre significa Santuario o Capilla situada por lo común en despoblado, y en ella desde aquellos tiempos se rinde culto a Jesús de los Milagros...
Tocó al Ilustrísimo Sr. obispo Carlos Bermúdez la acertada resolución de que se pusiera la casa de misiones al cuidado de los Reverendos Padres Redentoristas y por permisión divina el que sean ellos los que de hoy en adelante celosamente han de guardar nuestro Cristo Milagroso.
En aquella llegada de los misioneros a la Ermita del Santo Cristo habían intervenido, decisivamente, la señora Gabriela Sarmiento, el presbítero Severo González, Monseñor Carlos Bermúdez, Obispo de Popayán, y el misionero Redentorista Padre Alfonso Aufdereggen.
Las circunstancias especiales que acompañaron esta fundación y las coincidencias notables que se dieron, obligaron a la gente y a los misioneros a hablar de un claro designio de Dios. El mismo Padre Aufdereggen es quien comenta: "Subimos al camarín y nos postramos a los pies del venerado Cristo. Estaba yo interiormente hablando con Dios, cuando sentí una voz insinuante: "Aquí es donde debes colocar tu comunidad" Me levanté diciendo: "Aquí nos quiere y aquí a sus pies nos tendrá el Señor". Y desde ese entonces muchísimos Redentoristas han trabajado por años y años para la honra del Crucificado y para el servicio de los peregrinos. Muchos de ellos están sepultados en la cripta de la Basílica, precisamente debajo del camarín. Y quien escribe estas líneas sólo aspira a ocupar allí un lugar, como uno más de los que en vida fueron servidores del Señor de los Milagros.
¿Por qué unos misioneros? La Ermita había tenido siempre un servicio religioso. Gracias al interés de la Cofradía de la Veracruz y, más tarde, de los capellanes del Santuario se habían hecho ya muchas reparaciones y ampliaciones en el templo. En 1718 se había construido el Camarín, al que sólo podía subir el sacerdote. La intención del gobierno eclesiástico era proteger la imagen de los excesos de los devotos y recordar que las imágenes son sólo eso: imágenes o recuerdos de la persona que representan. Algunos años más tarde hubo que restaurar la imagen misma (1748), rellenando con yeso y cal los agujeros dejados por el comején. Entre los años 1830 y 1834 se construyó la torre de la Ermita, que todavía se observa a la derecha de la Basílica.
Pero era muy importante un servicio constante a los peregrinos, respaldado por la continuidad de una comunidad religiosa. Además, dadas las circunstancias históricas del siglo XIX, era urgente una evangelización de todo el Estado del Cauca, que abarcaba entonces todo el occidente colombiano. Esto fue lo que motivó la venida de los Misioneros Redentoristas, quienes ya se habían establecido en la Guyana Holandesa (donde trabajó el Beato Pedro Donders entre los leprosos), en el Ecuador, Chile y Perú.
Desde hace más de cien años el Santuario de Buga ha sido residencia de misioneros. Lo que significa que además de atender a los peregrinos, los sacerdotes y hermanos han ido recorriendo los campos para evangelizarlos. Y, al finalizar la misión en cada vereda, cuando las gentes preguntan al misionero: ¿Dónde lo podemos buscar?, la respuesta ha sido: "En el Santuario del Señor de los Milagros en Buga" De modo que ha habido un doble movimiento: de los pueblos hacia el Santuario y del Santuario hacia los pueblos y zonas rurales. Al movimiento de peregrinos hacia el Santo Cristo ha seguido un movimiento de Cristo hacia la gente, proclamado por los misioneros.
Todos Misioneros Si ha sido voluntad de Dios que el Santuario del Señor de los Milagros sea regido por los Misioneros Redentoristas, entonces es porque el Señor espera que tu peregrinación tenga las características de una participación en las santas misiones. Las misiones son momentos fuertes en la vida de las parroquias, en los que Dios invita a los fieles a una profunda revitalización de sus convicciones cristianas. Y eso es lo que debes lograr en esta peregrinación al Santuario de Buga. Revisar tu vida, reconocer tus errores y proponerte una vida más cristiana, confiar al Señor tus problemas y tus esperanzas, hacer una buena reconciliación con Dios y con el prójimo por medio del sacramento del perdón... Porque el Santuario del Santo Cristo de Buga es una misión permanente. Pero recuerda, además, que tú mismo tienes que ser un misionero.
Todos los cristianos, por el bautismo, hemos quedado constituídos pregoneros del amor de Dios, misioneros de la Buena Nueva de la Salvación. Si la venida hasta la Basílica es para ti una gracia especial de Dios, eso debes comentarlo con los demás y decirles que "el Señor fue bueno contigo". Y en tu casa, entre tus familiares y amigos, debes buscar siempre la ocasión de hacer el bien.
Tú tienes una misión qué cumplir en la vida, con la ayuda de Dios, ¡Realízala!

