AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Señor de los Milagros, te damos gracias porque a una indiecita en los comienzos de nuestra historia latinoamericana la hiciste instrumento de tus maravillas. Aquella mujer nos recordó que más importaba la libertad de un hombre, que la posesión de una imagen.

Suscita en nosotros el recuerdo de esta lección evangélica siempre que nos postremos ante ti, Señor de los Milagros, para pedirte un favor o agradecerte un beneficio. Acrecienta nuestra fe en tu presencia, que se manifiesta de diversos modos, ya te adoremos en la Eucaristía, ya te consideremos en el Pesebre, o cuando nos postremos ante tu Cruz o te veamos en nuestros hermanos, especialmente en los que sufren y en los que luchan por el logro de sus aspiraciones hacia una vida más digna del ser humano.

Bendícenos, misericordioso, a todos, e inspíranos deseos sinceros de una vida más cristiana y más entregada al servicio de nuestros hermanos. Amén.